Aunque Peña y el PRI representen para muchos ciudadanos un regreso a los viejos tiempos del autoritarismo y a una corrupción mayor a la actual, hoy tenemos un País distinto que hace 15 años, ni Peña tendrá todo el poder, ni el
PRI podrá hacer lo que se le antoje. Claro, a excepción de que como en todo el siglo XX, los mexicanos decidamos no actuar para señalar las irregularidades que observemos.
Los políticos pueden manipular a las instituciones, pero sólo los ciudadanos tenemos el poder de anularlas o reforzarlas, sin embargo, eso toma tiempo y requiere participación en todos los aspectos de la vida pública de México, las marchas no son la única forma de hacerlo.
Cumplido el derecho al pataleo de los inconformes con la elección, que jugaron todas sus cartas y pese a ello no pudieron demostrar el "fraude" ante la Ley, al alimentar esa idea, falsa o real, le han puesto un grillete pesadísimo a Peña, más pesado y grande que el que tuvo Salinas y más incómodo que el que ha tenido Calderón.
Peña y el PRI saben hoy que serán observados por seis años y que el México de hoy no es el mismo de 1976 cuando ganó López Portillo, (la mejor época del PRI, cuando no tenía oponentes y que extrañamente fueron los años más críticos para el País) y quizás confíen en que más temprano que tarde la voluntad ciudadana de los mexicanos se agotará. Tal vez apuesten a eso, después de todo son priistas, pero de nosotros depende que no ganen en ese juego.
En efecto, quizás el priismo ganó elección, pero también ganó en la rifa del tigre.
Los políticos pueden manipular a las instituciones, pero sólo los ciudadanos tenemos el poder de anularlas o reforzarlas, sin embargo, eso toma tiempo y requiere participación en todos los aspectos de la vida pública de México, las marchas no son la única forma de hacerlo.
Cumplido el derecho al pataleo de los inconformes con la elección, que jugaron todas sus cartas y pese a ello no pudieron demostrar el "fraude" ante la Ley, al alimentar esa idea, falsa o real, le han puesto un grillete pesadísimo a Peña, más pesado y grande que el que tuvo Salinas y más incómodo que el que ha tenido Calderón.
Peña y el PRI saben hoy que serán observados por seis años y que el México de hoy no es el mismo de 1976 cuando ganó López Portillo, (la mejor época del PRI, cuando no tenía oponentes y que extrañamente fueron los años más críticos para el País) y quizás confíen en que más temprano que tarde la voluntad ciudadana de los mexicanos se agotará. Tal vez apuesten a eso, después de todo son priistas, pero de nosotros depende que no ganen en ese juego.
En efecto, quizás el priismo ganó elección, pero también ganó en la rifa del tigre.
